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Cómo aprenden una segunda lengua los niños no alfabetizados

Escrito por Mariana / 12 de noviembre de 2009

Veamos algunas técnicas que se utilizan en los jardines de niños para enseñar una segunda lengua, sin necesidad de saber leer y escribir.

Aprender inglés, italiano, francés, ruso, chino o cualquier otra lengua, es mucho más sencillo para un niño que para un adulto, debido a que las destrezas para la adquisición del lenguaje se van perdiendo conforme avanza la edad.

Sin embargo, puede resultar difícil para alguien que estudió una segunda lengua ya de adulto, comprender cómo se transmite un idioma a niños pequeños que aún no saben leer y escribir. Sin embargo, no lo es: los niños demuestran una increíble flexibilidad y su comprensión aumenta exponencialmente con respecto al grado de exposición a la nueva lengua.

La lengua en función del contexto

Para el niño, la lengua no es un instrumento que le vaya a servir a futuro o a redituar en un mejor empleo. Tampoco le sirve para hacerse amigos en una red social. Por eso, la lengua tiene que ser transmitida como si se tratara de un juego. En cuanto el niño comprende que utilizando la lengua obtiene un beneficio (se divierte), comienza a producir espontáneamente sus primeras palabras y frases en el nuevo idioma.

En un jardín de infancia, suele haber un momento de la jornada dedicado a hablar en la propia lengua y un momento a hablar en la segunda, o bien una maestra para cada idioma. Es importante que al niño no se le mezclen las lenguas sino que haya un contexto claramente definido para utilizar cada una (por ejemplo, el momento de comer unas galletas o de contar un cuento pueden ser en la lengua extranjera).

Canciones, películas, juegos

La lectura y la escritura son, en realidad, dos destrezas secundarias que implican la comprensión y la producción. Es importante que el niño pueda comprender y producir oralmente más allá de que ni siquiera se pregunte por cómo se escribe una palabra o qué dice aquel letrero. Los docentes de niños pequeños los estimulan mediante distintas técnicas tales como juegos, canciones, rimas o poemas. Otra buena opción es –para niños un poco más grandes- pasar películas donde los pequeños escuchen hablantes nativos.

A medida que los niños comienzan con la alfabetización en su propia lengua, comienzan a prestar mayor atención a las diferencias entre ambos idiomas (la pronunciación, por ejemplo, la adquieren sin darse cuenta y más adelante detectan que no es la misma entre ambos idiomas). Seguramente entonces surgirán sus inquietudes con respecto a la escritura del nuevo idioma, pero para entonces ya tendrán recorrido un largo trecho del camino para su correcto aprendizaje y –lo que es más importante- habrán disfrutado aprendiéndolo.

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